Nadia Silhi Chahín fue deportada de Palestina desde el Puente Allemby – puente fronterizo entre Jordania y Palestina -, desgraciadamente no ha sido la única y no será la última.
Nadia, una joven chilena de origen palestino, concurría a la tierra de sus ancestros, con el único fin de conocer mas de cerca el dolor de la ocupación y poder transmitir a sus hermanos que no están solos.
Que en tanto y en cuanto siga existiendo La Ocupación, La Colonización y el sistemático objetivo de limpiar el territorio palestino de sus legítimos dueños, seguirán surgiendo voces.
Nadia se vio sometida durante horas a lo que significa la tortura psicológica y las prácticas del ocupante. Ellos, que ejercen el rol de GESTAPO, violaron sus derechos y el reencuentro con la patria.
Los sionistas piensan que con esas prácticas, lograrán que el miedo corroa sus venas y detendrán a los miles de hijos de la diáspora, que esperan su turno para acompañar a sus hermanos que luchan por una Palestina Liberada.
Nadia, hoy se encuentra en Jordania, un poco triste, un poco golpeada; pero estamos seguros que no lograron quebrarla.
Es cierto que fue en su ayuda el cónsul de Chile.
Es cierto que se levantaron voces en contra de este vil avasallamiento.
Pero, preguntamos
¿Por qué permite el gobierno de Chile esta persecución a sus ciudadanos?
¿Por qué no se exige reciprocidad en el trato?
¿Por qué se permite que nuestros gobiernos, dejen salir a contingentes sionistas a hacer el ejército en Israel, fomentando dobles lealtades y peor aún, preparando a jóvenes para ejercer el rol de gendarmes que se atreven en lengua hispana a decidir sobre el destino de otros y contravenir cada uno de los acuerdos del Derecho Internacional y libre tránsito?
Nuestros gobiernos tienen el deber de cuidar a cada uno de sus ciudadanos.
¡Es hora de decir basta!
Es hora de exigir justicia frente al terrorismo de estado.
Nuestras naciones no pueden seguir siendo cómplices de un estado que fomenta el terror y premiando sus acciones con acuerdos comerciales, científicos y culturales, que van ayudando a la desaparición y limpieza étnica del pueblo Palestino.
Es por eso tan importante, el seguir tejiendo redes con la sociedad civil de nuestros lugares y advertirles que aquellos militares que le impidieron la entrada a Nadia a Palestina tal vez vuelvan a sus lugares de origen y se conviertan en los nuevos represores de la sociedad.
A nuestra querida Nadia un gran abrazo y la convicción de que seguirás luchando.
Federación de Entidades Argentino-Palestinas
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