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PALESTINA: EL GENOCIDIO IGNORADO
Gabriel Sivinian




Introducción.
Reflexionamos sobre los términos convocantes.


Los organizadores de este VI Encuentro sobre Genocidio nos convocan a proponer nuevas ideas para la prevención de crímenes masivos. En este sentido el eje temático que vincula a la Educación con dicha acción anticipatoria resulta sustancial. Las siguientes reflexiones introductorias se desarrollan en esta dirección.

Para comenzar consideramos apropiado definir los conceptos que definen el llamamiento debido a que, si bien en una primera aproximación sus significados pueden parecer unívocos, es posible que admitan diversas interpretaciones.

De la frase “Educación y prevención de Genocidios” el término prevención es el que, seguramente, concita mayor acuerdo. Según el Diccionario de la Lengua Española en sus primeras dos acepciones se trata de la “acción y efecto de prevenir// preparación y disposición que se hace anticipadamente para evitar un riesgo o ejecutar algo” (1). Ciertamente quienes participamos de este Encuentro compartimos la impostergable necesidad de impedir, de precaver, de evitar la ejecución de crímenes masivos.

Ahora bien, los crímenes de los que hablamos constituyen Genocidio y la definición de esta palabra no genera el mismo consenso. El citado Diccionario lo enuncia como “exterminio o eliminación sistemática de un grupo social por motivos de raza, de etnia, de religión, de política o de nacionalidad” (2). Véase que en relación a la definición del Derecho Internacional Público, basada en la Convención de la ONU para la Prevención y Sanción del Delito de Genocidio (1948), se incorpora la categoría de grupo político, lo que no resulta secundario en relación al debate en torno a este vocablo. La aceptación acerca de que un grupo clasificado en función de su identidad política puede ser objeto de prácticas genocidas remite a la necesidad de redefinir los alcances del concepto. Ejemplos nacionales e internacionales demuestran el avance en este sentido. Para el primer caso citamos la histórica condena a prisión perpetua aplicada por el Tribunal Oral Federal Nº 1 de La Plata al policía represor Miguel Etchecolatz, hallado autor de delitos de lesa humanidad cometidos en el marco de Genocidio. Este reconocimiento jurídico respecto a que los crímenes de la dictadura configuraron este delito se reiteró en los casos del cura represor Von Wernich, juzgado por el mismo Tribunal y en la reciente sanción de la justicia tucumana a los militares represores Bussi y Menéndez. La sentencia de la Audiencia Nacional de España en el juicio al dictador chileno Augusto Pinochet ejemplifica el segundo caso.

La divergencia entre dos instituciones con enorme poder simbólico, las Naciones Unidas, basamento jurídico del orden internacional y la Real Academia Española, que normativiza el uso de la lengua y trabaja para su unificación en todos los países con ese habla, pone en evidencia las discrepancias y obliga a explicitar nuestra concepción. Para ello emplearemos la definición de la psicoanalista Helene Piralian quien afirma que un Genocidio es “(...) un crimen contra la humanidad, crimen de Estado, por lo tanto crimen colectivo (y no de guerra) que se sustenta en la negativa a reconocer a un grupo el derecho a la existencia, y a cuyos miembros en su totalidad se intenta exterminar, “hasta el último”. Proyecto que se premedita, se introduce y se ejecuta de una manera a la vez fría, organizada y planificada y que requiere para su concreción la participación de más de uno. A esto se agrega –y no es su aspecto menos importante- el acto de la negación, tanto con respecto a las víctimas como a los otros, los terceros, que no aparecen aquí más que como terceros excluidos”(3). Asimismo nos apropiaremos del aporte que realiza el sociólogo Daniel Feierstein en cuanto a la periodización del proceso genocida que, sostiene, consta de cinco momentos: la construcción de una otredad negativa; el hostigamiento; el aislamiento espacial; el debilitamiento sistemático y el exterminio. Esta última etapa puede subdividirse en realización material y realización simbólica distinguiéndose entonces seis instancias (4). Retomaremos esta conceptualización más adelante.

Cierto es que las contribuciones de estos dos autores no se definen aquí en relación a la pertinencia de la identificación política del grupo social victimizado. Tampoco lo hacen en relación a las causas estructurales que impulsan prácticas de exterminio y genocidio desde los orígenes mismos del proceso de acumulación originaria del capitalismo. Sin embargo nos resultan esclarecedoras en cuanto a la caracterización del término que estamos definiendo.

Finalmente, para completar el análisis de las categorías convocantes abordaremos aquel que refiere al más idóneo instrumento para la prevención, en este caso, de Genocidios: la Educación. Lejos de situarnos en un ámbito de acuerdos y consenso, afrontamos un espacio de intensa conflictividad. Según el Diccionario de la Real Academia se entiende por Educación la “acción y efecto de educar// crianza, enseñanza y doctrina que se le da a los niños y jóvenes// instrucción por medio de la acción docente// cortesía, urbanidad” (5). De esta definición no se desprende claramente la posibilidad de problematización. Mas si leemos líneas abajo la perspectiva se modifica ya que educar representa “dirigir, encaminar, doctrinar” (6). Indudablemente, estas palabras contradicen la hegemónica concepción funcionalista de la educación. Perpetuando la influencia durkheimiana la sociedad en su mayoría, educadores incluidos, conciben el proceso educativo como neutral, socializador y formador de consensos; trasmisor de normas y valores objetivos impuestos a los individuos por una sociedad tan deificada como cosificada; selectivo de capacidades diseminadas aleatoriamente en la sociedad; constitutivo de jerarquías meritocráticas; vehículo de movilidad social ascendente; formador y distribuidor de recursos técnicos; promotor de cambios sociales armónicos e impulsor del desarrollo científico-tecnológico.

Sin embargo, “dirigir, encaminar, doctrinar” remite a gobernar, mandar, encauzar, aleccionar, esto es, refiere al campo de la política, de la pretensión de imposición, de la lucha y la resistencia. Es que de eso se trata. La educación constituye un ámbito central de la lucha simbólica destinada a imponer distintas visiones del mundo y contribuye a construir ese mundo. El poder de hacer las cosas con las palabras, el poder de constitución, el poder simbólico se expresa en la disputa por imponer significados, dimensión fundamental de la lucha política entre clases (7). La educación adquiere entonces un rol protagónico, como herramienta al servicio de la dominación de clase o como instrumento para la liberación de los oprimidos; pero nunca como elemento neutral como pregona la preponderante concepción funcionalista.

Por lo expuesto hasta aquí, concibiendo a la Educación como espacio de la lucha política por excelencia, sostenemos que el intelectual, el educador, el docente debe explicitar desde donde elabora sus propuestas teóricas y desarrolla sus prácticas pedagógicas.


Nuestro contexto y nuestra enunciación.

Sólo para guardar coherencia con las líneas precedentes quien suscribe se presenta como sociólogo y docente; de nacionalidad argentina y origen armenio; intelectual, en tanto educador, vinculado a las clases subalternas en el capitalismo periférico y adherente al ideario emancipador del Socialismo; sin dependencia alguna con institución u organismo que condicione su libertad de pensamiento y expresión..

Partiendo de este posicionamiento, que condiciona nuestra hermenéutica mas no la heurística, sostenemos que el objetivo del presente trabajo consiste en incorporar en este y otros ámbitos académicos el tratamiento de un Genocidio en curso, vergonzosamente ignorado desde la mirada dominante: el ejecutado por el Estado de Israel en perjuicio del pueblo palestino.

Aquellos que pretenden educar en la prevención de crímenes masivos, los especialistas e interesados en el tema del Genocidio, no pueden desconocer ni alegar neutralidad frente a la realización de las prácticas de exterminio en contra de la población palestina que llevan más de seis décadas. Nos referimos a matanzas, lesiones graves a la integridad física y mental de las personas, sometimiento a condiciones de existencia que acarrean destrucción física de los individuos; imposición de medidas destinadas a impedir nacimientos y traslados por la fuerza de niños, actos todos destinados a la destrucción total o parcial de cierto grupo social, tal como lo explicita la mencionada Convención de las Naciones Unidas aprobada el 9 de diciembre de 1948. Persistir en la inadvertencia de estos hechos contribuye a sostener lo que Helene Piralian menciona como acto de negación, importante aspecto de este Delito. De esta manera, especialistas e interesados en el tema de los procesos genocidas “dirigen, encaminan, doctrinan”, educan al servicio del negacionismo del Estado de Israel. Asimismo, voluntariamente o no, participan de la etapa de realización simbólica, sexto momento del dispositivo genocida de acuerdo a la construcción teórica de Daniel Feierstein. Las siguientes líneas son tributarias de este esquema conceptual.


Palestina: las etapas del Genocidio.

La periodización sociológica de los procesos involucrados en las prácticas sociales genocidas remite a fases que pueden ser presentadas en forma progresiva aunque, como todo proceso histórico, sus factores se despliegan con carácter necesario, inmanente y teleológico. Así, la realización simbólica constituye la última etapa del plan criminal y continúa en el ámbito ideológico la realización material del exterminio. De esta forma la indagación de los discursos originarios que los victimarios construyeron aún circunstancias temporales y espaciales alejadas del presente, resultan de suma importancia a la hora de comprender el relato que luego realizan sobre los acontecimientos delictivos.

En el caso del Genocidio que padece el pueblo palestino, la intención de negar los crímenes que por décadas comete el Estado de Israel ya está presente en la temprana propagación por Occidente de la idea de “una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra”. Este slogan, difundido en las primeras décadas del siglo pasado, expresa cabalmente el objetivo del movimiento sionista consistente en “establecer en Palestina un hogar público y legalmente asignado para el pueblo judío” (8), desconociendo la existencia de habitantes ancestrales en ese espacio geográfico. El ideario remite al Primer Congreso Sionista Mundial de 1897 y vuelve a enunciarse en 1914 en palabras de Chaim Weizmann, quien fuera luego primer presidente de Israel: “En su etapa inicial, el sionismo fue concebido por sus precursores como un movimiento que dependía por completo de factores mecánicos; hay un país al que se lo llama Palestina, un país sin pueblo, y por otra parte, existe el pueblo judío, que no tiene país. ¿Qué más hace falta, entonces, que colocar la gema en el anillo, unir a ese pueblo con ese país? A los propietarios del país (los turcos), por lo tanto, se los debe persuadir y convencer de que ese matrimonio es ventajoso, no sólo para el pueblo (judío) y para el país, sino también para ellos mismos” (9).

Weizmann y sus compañeros sionistas comprendían que al negar la existencia de un pueblo en Palestina allanaban el camino a la futura negación de los crímenes que serían cometidos. Por burdo que parezca el razonamiento, si no hay pueblo no hay asesinatos, ni víctimas ni criminales. Dicho sea de paso, este grosero negacionismo de los victimarios es compartido “casualmente” por sus cónyuges del Estado turco, que por ese 1914 se hallaba en pleno despliegue del Genocidio de armenios, Crimen que aún persiste en desconocer.

Feierstein convoca adecuadamente a Foucault cuando se pregunta mas que sobre lo que procura destruirse, qué es lo que pretende construirse mediante las prácticas genocidas. En el caso palestino la respuesta es categórica:

“Las cifras aplastantes de al-Nakba (la Catástrofe) dan una idea de su magnitud. En 1948 la minoría judía era de 600.000 personas, 150.000 descendientes de los 56.000 judíos palestinos de 1920 y otros 450.000 que habían entrado ilegalmente en Palestina durante el mandato británico. Esta minoría expulsó de 780.000 a 800.000 palestinos, convirtiéndolos en refugiados. El 85% de los habitantes palestinos del país que sería Israel fueron expulsados de 531 ciudades y pueblos. Hoy en día más de dos tercios de los palestinos son refugiados. Los judíos, que al principio poseían el 6% de las tierras de Palestina, elevaron ese porcentaje a 78% en 1948 y al 100% en 1967, tan sólo por la fuerza aplastante de las armas. Desde que Palestina cayera en su poder su propósito ha sido y sigue siendo deshacerse de la población que permanece allí” (10).

Ahora bien, el camino conducente a la realización material del exterminio se inicia a partir de la identificación de “un otro que no debe ser “, un otro eliminable por no querer /poder ser como todos, como nosotros, como los iguales, de un otro negativo. En esta instancia el poder aún tolera formas diferentes pero las distingue, las marca, las construye y las reconstruye. “La violencia, en este momento se expresa a través de las imágenes. Es la legitimación, la construcción teórica de la necesidad de un exterminio, aunque todavía este lejos de expresarse en estos términos” (11).

Lamentablemente sobreabundan muestras segregacionistas en perjuicio de la población palestina. Citamos sólo dos distantes en el tiempo, aunque próximos en su significación.

Un ejemplo histórico: “No nos familiaricemos demasiado con los campesinos árabes para que nuestros hijos no adopten sus modales ni aprendan de sus feas acciones. Que todos aquellos que son leales a la Torá eviten la fealdad y todo lo que se le asemeja y mantengan su distancia de los campesinos y sus bajos atributos”. Palabras de Moshé Smilansky, escritor sionista y líder laborista que migró en 1890 a Palestina (12).

Un ejemplo actual: “Ha sido un escándalo que ha durado más de tres meses sin que casi nadie levantara la voz. Desde marzo, los árabes israelíes (casi un 20% de la población del país) que deseaban viajar en avión desde la terminal de Tel Aviv hacia Kiriat Shmona, al norte, recibían un no como respuesta. ¿El motivo? Una recomendación de los servicios secretos internos (Shin Beit) por la falta de detectores de metales y de un eficaz sistema de seguridad tras una discrepancia sobre la financiación (...) Estas medidas reflejan lo que piensan muchos sectores de la seguridad en Israel que ven a los ciudadanos árabes como enemigos y potenciales terroristas” (13).

Este último ejemplo nos remite al estereotipo discriminatorio tan difundido en los países occidentales que asocia al árabe y/ o musulmán con el terrorismo, la violencia, la irracionalidad y el primitivismo. Esta imagen ha sido construida desde los medios de comunicación, jugando un rol trascendente la industria cinematográfica, carente de oponentes de fuste para “los paladines de la libertad occidental” tras el fin de la Guerra Fría, que presurosamente erigió un nuevo enemigo después de los atentados a las Torres Gemelas y proceso que venía de antaño. De la estigmatización del otro negativizado se pasa al hostigamiento. Presenciamos así un salto cualitativo en el proceso genocida que lleva de la reflexión a la acción. Se trata ahora de operaciones directas contra la fracción “no normalizada”. En principio se trataría de grupos espontáneos, generalmente violentos, que prontamente dejan lugar a acciones de carácter plenamente estatal. La normativa jurídica legitima luego las prácticas discriminatorias contra el grupo victimizado con leyes que, por ejemplo, limiten su acceso a la propiedad, el ejercicio de determinadas profesiones, la realización de ciertas prácticas, la posesión efectiva de derechos de ciudadanía, etc.

Tristemente, en esta instancia también sobran ejemplos en Palestina.
Un Informe del 9 de Marzo de 2007 del Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial de la ONU motivó un pedido de Amnistía Internacional al gobierno israelí (14). Extractamos apenas unos párrafos del mismo que demuestran la etapa del hostigamiento que estamos presentando.

1) En los Territorios Palestinos Ocupados el Comité recomienda a las autoridades israelíes:

El fin de las leyes discriminatorias, y en particular que no haya discriminación en el acceso a los recursos hídricos, el fin de las demoliciones de viviendas de palestinos, el respeto de los derechos de propiedad de los palestinos, y que Israel garantice la igualdad de juicio por el mismo delito sin que se tome en consideración la nacionalidad del auto (párrafo 35).

La protección de la población palestina frente a los actos de los colonos israelíes, especialmente en Hebrón, y que los ataques perpetrados por los colonos israelíes se investiguen sin demora, con transparencia e independencia, se procese, se condene a los presuntos autores y se ofrezcan vías de resarcimiento a las víctimas (párrafo37).

2) En cuanto a Israel el Comité señala a las mismas autoridades:

Poner remedio a la ausencia de disposiciones de igualdad o prohibición de la discriminación en la Ley Fundamental de Israel (párrafo 16).

Que la definición de Israel como Estado nacional judío no de lugar a ninguna distinción, exclusión, restricción o preferencia de carácter sistémico basada en la raza, el color de piel, la ascendencia o el origen étnico en el disfrute de los derechos humanos (párrafos 17 y 22).

Ahora bien, ocultar el proceso de discriminación y hostigamiento que conduce a la eliminación del grupo social, de la vista de los terceros, de la “opinión pública” constituye el principal objetivo del aislamiento espacial, etapa siguiente del plan delictivo que reconoce en el gueto su versión mas desarrollada. No se trata solamente de limitar la posibilidad de tránsito de la fracción diferente sino de interrumpir toda posibilidad de vínculo social con el exterior y, por lo tanto, impedir el establecimiento de lazos de identificación y solidaridad con las víctimas.

Resulta repudiable para cualquier persona de bien la decisión de erigir muros que aíslen a los palestinos del mundo exterior bajo cualquier pretexto de seguridad. Esto es lo que realiza el Estado de Israel a partir del anuncio que su Primer Ministro Ariel Sharón realizara en abril de 2002. El “Muro del Apartheid” que construyen los israelíes en territorios ocupados es una afrenta para toda la Humanidad. Desgraciadamente compone otro paso más en el camino hacia el exterminio.

“La Margen Occidental ha sido condenada a pudrirse en un estrecho celdario. Dos millones de palestinos habrán de pasar el resto de sus vidas en guetos. Vivirán sin tierra ni agua, sin poder concurrir a universidades o a los hospitales, con la invisible mirada de los soldados israelíes sobre sus nucas, con sus niños llorando entre sus pies... las praderas están siendo despedazadas. La luz que hubo una vez en ciudades tan vívidas, se apaga” (15). De esta forma comenzaba un artículo periodístico fechado en Octubre de 2003. Miles de testimonios confirman estas y muchas otras violaciones a los más elementales Derechos Humanos de los palestinos. Cada día que esté en pie el Muro de la Ignominia la Dignidad Humana estará siendo mancillada.

Una vez logrado el aislamiento espacial se profundizan acciones tendientes a favorecer el debilitamiento sistemático del grupo social victimizado.

La fortaleza de la resistencia palestina resulta minada cotidianamente a través de las más diversas prácticas. Brindaremos al respecto solo algunos alegatos entre innumerables ejemplos que se suceden diariamente.

Cuenta Dawood Abdel Fattah Nimr Ayash, agricultor palestino:

“Mi familia posee una gran cantidad de tierra que ahora está aislada detrás del muro. Plantábamos trigo, cebada, lentejas y forraje. En verano también plantábamos alubias salvajes (...) Teníamos suficiente para cubrir nuestras necesidades de todo el año –incluso la mayoría del tiempo teníamos más de lo que necesitábamos-. Podíamos vender el resto y comprar cosas importantes para la casa. He cultivado esta tierra desde que era un niño, ayudando a mi padre y a mi abuelo. Hasta ahora.

Durante todo este año nos han autorizado a ir a nuestros campos cuatro veces –dos días para cultivarlos y otros dos para limpiar las malas hierbas-. Tuvimos que hacerlo todo rápidamente y no pudimos plantar ni cultivar toda la tierra. No nos permitieron usar tractores ni cualquier otra maquinaria; con esos medios habríamos podido cultivar la tierra en tres días. Este año solo pude plantar forraje.

Incluso en esos cuatro días, solo para llegar a nuestros campos tuvimos que caminar siete kilómetros hasta la entrada. Cada día perdíamos una hora y media caminando. No había otra entrada en ese momento. Cuando llegamos los soldados tiraron todo lo que teníamos en el terreno. También destrozaron las monturas de los burros. Luego nos hicieron esperar desde las 7 hasta las nueve de la mañana sin dejarnos pasar. Los soldados nos dijeron “Toda la tierra que hay detrás del muro ya no les pertenece. Si quieren llegar a ella necesitan un permiso”. Cuando fuimos a cosechar nuestros campos simplemente nos mandaron de vuelta.

En marzo abrieron una entrada al muro. Después, cada vez que queríamos ir a trabajar nuestras tierras, nos expulsaban. Nos decían que necesitábamos permisos para poder llegar a nuestros campos, así que rellenamos los formularios. Nos pedían que demostremos que éramos los dueños y nos exigían que pagáramos 500 shekels por cada pedazo de tierra. Entonces les di pruebas de que soy el dueño de una porción de tierra. No pude pagar para demostrar que soy el dueño del resto de mi tierra. De todas formas no nos dieron ningún permiso. En vez de eso nos prohibieron cualquier acceso a todas nuestras tierras” (16).

Describe José Miguel Muñoz:

“El ejército israelí ha aumentado en el último año en un 40% el número de barreras y controles militares en Cisjordania, territorio habitado por 2,5 millones de personas. Los obstáculos hacen la vida muy difícil a los palestinos y generan diariamente circunstancias humillantes. Los habitantes de Cisjordania sufrieron 132 días de clausura de su frontera en 2005 (...) Los militares impiden o demoran el paso de las ambulancias. A veces se tarda 12 horas en recorrer 100 kilómetros. Hasta 30 mujeres parieron en los últimos tres años en los controles. Y más de 70 enfermos sucumbieron en la espera. (...) además de los puestos militares fijos, han proliferado los controles móviles que sorprenden en cualquier lugar. Coloca también el ejército israelí enormes bloques de piedra, cava trincheras o levanta enormes montículos de piedra para cortar la circulación. La vía que ayer era transitable hoy no lo es. Los palestinos tienen vedado el acceso a 41 carreteras o tramos en Cisjordania, 700 kilómetros de exclusión (...) El trato que los uniformados dan a los de cualquier edad y condición es denigrante. La arbitrariedad es norma. En Hawara hay dispuesto un estrecho pasillo por el que atraviesan el control las personas a partir de una cierta edad. Por debajo de los 32 años se prohíbe el paso, salvo que se cuente con permisos especiales. Pero hay días que se eleva la edad a 40 años, a 50. Nunca se sabe”.

La desestructuración de la vida económica con el objeto de provocar hambrunas y desnutrición; la falta de atención sanitaria, aún en casos terminales ; el acorralamiento y hacinamiento; el robo de tierras y la demolición de viviendas; la apropiación de recursos naturales esenciales como el agua; la militarización de la vida cotidiana; los castigos colectivos que persiguen destruir lazos solidarios; la humillación; las permanentes incursiones de fuerzas represivas y los bombardeos; las torturas y los asesinatos selectivos son algunas de las prácticas que persiguen el deterioro físico y psíquico del pueblo palestino, situación necesaria para abrir paso al exterminio.

Atendiendo las líneas precedentes puede afirmarse que la extinción, eliminación, supresión de una fracción social puede lograrse aún sin recurrir a matanzas masivas, aunque estas ocurran en forma reiterada en el caso que presentamos. Es más, como afirma Marcelo Ferreira, docente especializado en Derechos Humanos, el crimen de Genocidio puede configurarse sin suprimir la Vida Humana, creando las condiciones objetivas necesarias para provocar la destrucción total o parcial de un grupo humano (17). El proyecto genocida del sionismo que, como quedó expresado tiene como objetivo vaciar Palestina de sus habitantes autóctonos para controlar y disponer de su territorio en beneficio del Estado de Israel, contempla la represión militar y la eliminación física por medio de muertes violentas; pero su dispositivo es más complejo e incorpora acciones mas sutiles, menos perceptibles y condenables a la vista de terceros construidos subjetivamente en sociedades capitalistas: el hambre, la explotación, el maltrato emocional, la exclusión, la reducción a condiciones miserables de vida, la deshumanización del Otro. Estos mecanismos se complementan con la colonización ilegal de los Territorios Ocupados, contracara de la enorme diáspora palestina, cuya expuesta finalidad consiste en eliminar al pueblo palestino de su Hogar Nacional.

Para concluir con este apartado afirmamos la existencia de un Genocidio en curso contra el pueblo palestino desarrollado por el Estado de Israel sumando una voz mas de reclamo para impedir su continuidad material; aportando una voz mas de denuncia que imposibilite a los victimarios la consumación simbólica de su proyecto.


Reflexiones finales.
Llamamiento a los Educadores.


En el marco de las sociedades capitalistas contemporáneas en las que se ha universalizado el acceso a los sistemas públicos de enseñanza, la función asignada a los educadores consiste en llevar a cabo trabajos pedagógicos en forma racional, sistemática y evaluable al interior de instituciones especializadas. Esta asepsia lingüística no debe impedirnos percibir que, en definitiva, la tarea educativa desarrollada en formaciones sociales estructuralmente desiguales radica en construir modos de aprehensión del mundo acordes al posicionamiento que los individuos tengan en estructura clasista. En este sentido, en la estrategia de quienes ejercen la dominación de clase, las instituciones educativas son concebidas como vehículo para imponer significaciones en forma legítima. Por lo tanto, toda acción pedagógica en el contexto de las sociedades de clase puede definirse, a priori, como práctica de comunicación asimétrica. Así, quienes detentan el poder construyen arbitrios culturales que son difundidos, bajo el amparo de una supuesta autonomía, por instituciones educativas y docentes. El currículum oficial resulta de esta arbitrariedad a la vez que da paso al currículum oculto, prolífico espacio de los aprendizajes no incorporados oficialmente que se transmiten o no de manera expresa. Existen asimismo contenidos que ni siquiera son tratados desde la informalidad del currículum oculto. Constituyen temas ignorados, inadvertidos, escondidos que conforman el currículum nulo. Es lo que sucede en este y otros ámbitos educativos con el Genocidio de palestinos. Obviamente el ocultamiento no es producto de la casualidad sino que remite a una multiplicidad de factores.
Entre ellos destacamos la actuación de poderes que ejercen violencia simbólica que, como sostiene el sociólogo Pierre Bourdieu, imponen significaciones en forma legítima disimulando las relaciones de fuerza sobre las que se sostienen (18). Claro que todo poder de violencia simbólica puede ser enfrentado, abriéndose así una lucha al interior de los procesos educativos y políticos. Esta disputa será desigual si se enfrentan contendientes con fuerzas sumamente desequilibradas. Es el caso del Estado de Israel y sus comunidades diseminadas por el mundo gobernadas por el sionismo, con el apoyo incondicional de los Estados Unidos, principal potencia del planeta y la complicidad del resto de los Estados de los países centrales; enfrentando a los palestinos de los territorios ocupados, sus diásporas y una todavía insuficiente solidaridad del mundo árabe y no árabe. Sin embargo, a pesar de la abismal diferencia de recursos (económicos, militares, diplomáticos, mediáticos, culturales, etc.) el discurso de los verdugos no logra silenciar definitivamente la voz del pueblo de Palestina. Esto se debe a que toda narración debe tener fundamento en la realidad para alcanzar eficacia simbólica, para ser reconocida como verdadera. No alcanza con disponer del beneplácito de los principales medios de comunicación internacional y sus repetidoras locales. No basta con financiar por el mundo centros de investigaciones sociales e históricas que difundan sus versiones de los hechos. No es suficiente participar de los principales ámbitos de producción académica en distintos países para silenciar verdades a gritos. No es bastante integrar organizaciones antidiscriminatorias recordando el Horror padecido para legitimar prácticas segregacionistas. A pesar del capital simbólico - económico y cultural- acumulado el sionismo israelí no consigue imponer su verdad por lo que la lucha política queda abierta en todos sus escenarios. En este sentido la Educación se convierte en un espacio social estratégico para la reproducción de un orden social clasista, expresado también a escala internacional o bien para su eliminación en aras de la construcción de Sociedades Humanistas. El develamiento de una ideología discriminatoria, intolerante, belicista, colonialista, pro imperialista, deshumanizante como lo es el sionismo, así como la denuncia de sus prácticas estatales violatorias hacia los mas elementales derechos del pueblo palestino resulta una imperiosa misión para todos aquellos intelectuales, educadores, especialistas e interesados en la prevención de crímenes masivos. De otra forma las palabras bien intencionadas permitirán hablar y hasta quedarán escritas, mas perecerán prontamente si son acompañadas en la praxis por el silencio negacionista frente a cualquier Genocidio.

 

 

Referencias bibliográficas.

1) Real Academia Española; “Diccionario de la Lengua Española”; Vigésima segunda edición; Tomo II; Espasa Calpe; Madrid; 2001; p.1831..
2) Ibíd.; p.1131.
3) Piralian, H; “ Genocidio y transmisión”; Bs. As; Fondo de Cultura Económica; 2000; p.28
4) FEIERSTEIN, D; “Seis estudios sobre genocidio”; Bs. As; Eudeba; 2007; pp.36-46.
5) REAL ACADEMIA ESPAÑOLA; op.cit; p.864.
6) IBIDEM.
7) BOURDIEU, P; “Espacio social y poder simbólico”en “Cosas dichas”; apunte de Cátedra de Sociología de la Educación (Susana Llomovate); Carrera de Cs. de la Educación; Facultad de Filosofía y Letras (UBA); p.141.
8) MASALHA, N; “Expulsión de palestinos”; Bs. As; Editorial Canaán; 2008; p 13.
9) IBID; pp 13-14.
10) ABU SITTA, S; “Palestina: un país borrado del mapa”; CSCAweb (www.nodo50.org/csca); 14 de abril de 2004; pp. 1-2.
11) FEIERSTEIN, D; op.cit; p.39.
12) MASALHA, N; op.cit; p.15.
13) AZNAREZ, C (compilador); “Una aerolínea israelí alega razones de seguridad para no llevar palestinos”; en “Palestina. Una nación. Un pueblo”; Bs. As; Ediciones Madres de Plaza de Mayo; 2006; pp314-315.
14) AMNISTÍA INTERNACIONAL; “Israel y los territorios ocupados palestinos: hacen falta medidas urgentes para abordar la discriminación”; en web.amnesty.org; 12 de marzo de 2007.
15) MALM, A; “El muro de la infamia”; en Revista “Futuros” no 6; Río de la Plata; verano-otoño de 2004; p.41.
16) AZNAREZ, C (compilador); op.cit; Testimonios del capítulo 2: “EL muro del apartheid”; pp.127-128 y en capítulo 3 “Represión y muerte en Palestina”; pp.318-319.
17) FERREIRA, M; “El crimen de Genocidio, Algunos interrogantes sobre el alcance actual del concepto”; en “Análisis de prácticas genocidas. Actas del IV Encuentro sobre Genocidio”; Boulgourdjian,N: Toufeksian,J:C y Alemian, C (editores); Bs. As; Fundación Siranoush y Boghos Arzoumanian; 2004; p.411.
18) PALACIOS, J; “La cuestión escolar. Críticas y alternativas”; Barcelona; Editorial Fontamara; 1996; p.437


 

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