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A través de los ojos
de las mujeres

Centro Palestino para los DDHH
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Especiales / masacres / GAZA

A través de los ojos de las mujeres
Algunos testimonios extraídos del informe del PCHR sobre la operación israelí plomo fundido
PCHR - Centro palestino para los DDHH
Fuente: Rebelión / 18-19-20/10/2009
Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández, Marwan Pérez,
Carlos Sanchis, Andrés Prado y S. Seguí. Revisado por Caty R.


I.- Testimonios de Wafa y Ahmed Al-Radea

Entrevistados:
Wafa Al-Radea (37 años)
Ahmed Al-Radea
Fecha del suceso:
10 de enero de 2009
Lugar:
Beit Lahiya
Víctimas:
Wafa Al-Radea: herida
Ghada Al-Radea: herida

Violaciones del Derecho Internacional:
Asesinato intencionado: Grave violación de los Convenios de Ginebra
Objetivo directo: civiles (Artículo 8 (2) (b) (i) Estatuto de la Corte Penal Internacional.

El 10 de enero de 2009, Wafa Al-Radea (37 años) y su hermana Ghada (30 años) fueron alcanzadas por dos misiles disparados desde un avión teledirigido israelí no identificado. Las dos hermanas eran las únicas personas que estaban afuera, en la calle, cuando se produjo el ataque. Wafa, que estaba embarazada de nueve meses, había decidido aprovechar el hudna (alto el fuego transitorio) declarado por Israel para ir a visitar a su doctor; estaba preocupada porque sentía que el momento del parto estaba muy cercano. Las hermanas viven en Beit Lahiya, no había combates por las inmediaciones en aquel momento, y sólo los aviones teledirigidos se mantenían activos por la zona.

Walid, Wafa y Dina Al-Radea © CPDH

Tanto Wafa como Ghada resultaron gravemente heridas en el ataque. Wafa perdió la pierna derecha, que tuvieron que cortarle por encima de la rodilla. Sufrió extensas heridas por el resto del cuerpo, especialmente en la pierna izquierda, que todavía no han curado. Aunque se le proporcionó una prótesis, todavía no puede caminar bien debido a los daños sufridos en su pierna buena. Tiene dificultades para sentarse derecha y padece serios dolores. Las piernas de Ghada sufrieron grandes fracturas como consecuencia del ataque; mientras estaba en el hospital se le infectaron las heridas y se temió que tendrían que amputarle la pierna.

Debido a la extensión de sus heridas, Wafa fue dada por muerta varias veces. Tanto ella como Ghada fueron trasladadas a Egipto para recibir tratamiento, donde permanecieron aproximadamente cinco meses y medio, y volvieron a Gaza el 29 y 27 de junio respectivamente. Ambas hermanas necesitan un intenso tratamiento de seguimiento y fisioterapia. Wafa dio a luz a su hijo, Iyad, por cesárea cuando se encontraba en coma. El bebé nació el 10 de enero de 2009.

El 1 de julio de 2009, el CPDH entrevistó a Wafa y a sus hermanos Ahmed Al-Masri (38 años) y Walid (23 años) en su casa en Beit Lahiya. Wafa recordaba el día del ataque: “Era el 10 de enero, la zona estaba tranquila aunque la vida seguía siendo muy difícil. Yo estaba aterrada. Estaba embarazada de nueve meses. Le pedí a mi hermana Ghada que fuera conmigo durante el hudna para visitar a mi doctor; sentía que me quedaba muy poco para el alumbramiento. Nos encaminamos hacia la cercana clínica del Dr. Hamouda, que está en la calle principal de Beit Lahiya… Nunca llegué a la clínica”.

“En el camino, oí un avión teledirigido”, recordaba Wafa, “hacía mucho ruido. Ghada me dijo que corriera, dijo que el teledirigido iba a atacarnos. Le pregunté cómo podía saberlo y ella me gritó ‘Lo presiento, ¡corre!’. No podía correr, estaba embarazada de nueve meses. No había nadie en la calle, sólo Ghada y yo. Presentí que iban a atacarnos, no había nadie alrededor y el teledirigido hacía tanto ruido... Me oí musitando el shuhadad25. Traté de correr todo lo que pude, pero mi hermana iba por delante de mí”.

Dos misiles disparados desde el teledirigido alcanzaron a las hermanas. “Yo iba detrás de mi hermana antes del ataque”, dijo Wafa, “pero la explosión me lanzó por delante de ella. Dos veces salí catapultada. No tenía ni idea de lo que estaba sucediendo. Me sentía como si hubiera perdido la cabeza. Miré mi pierna izquierda y la vi muy mal, parecía un trozo de carne cruda. No podía ver mi pierna derecha. Todas mis ropas estaban quemadas; era como si tuviera fuego dentro de mí. Casi toda mi ropa estaba quemada, podía ver como mi cuerpo estaba quemado. No podía ver a mi hermana, no sabía qué le había sucedido. Sólo pensaba en que necesitaba que alguien me cubriera, mis ropas y mi cuerpo estaban quemados y yo estaba casi desnuda”.

Un coche pasó por la zona unos quince minutos después del ataque. Los pasajeros llevaron a Ghada al Hospital Kamal Odwan. “Ambas estaban sangrando”, dijo Ahmed, “pero pensaron que Wafa estaba muerta, la cubrieron con una manta y la dejaron”. Tras el ataque, los vecinos llamaron a una ambulancia, que llegó poco después. Wafa fue llevada al hospital Kamal Odwan unos 20 minutos después del ataque. “En Kamal Odwan pensaron que estaba muerta”, dijo Ahmed, “los doctores sólo estaban preocupados por su bebé. No trataron a Wafa en absoluto”.

En el hospital Shifa le hicieron una cesárea y el hijo de Wafa, Iyad, pudo nacer satisfactoriamente. Fue sólo durante la operación cuando los doctores se dieron cuenta que Wafa todavía estaba viva y empezaron a amputarle la pierna. El hermano de Wafa es médico en el hospital de Shifa, contactó con la delegación egipcia que se encontraba allí para pedir ayuda y que la trasladaran a Egipto. “Dijeron que no había esperanza”, dijo Ahmed, “pensaban que se les iba a morir en el camino”.

Finalmente trasladaron a Wafa a Egipto el 12 de enero, cuando aún se encontraba en coma. Walid, el hermano de Wafa, la acompañó. “Era muy peligroso”, dijo Walid, “para llegar a Rafah teníamos que pasar a través de las posiciones israelíes. Había montones de tanques. Antes de que llegáramos al cruce de Rafah, Wafa dejó de respirar. Dijeron que estaba muerta e iban a regresar a Gaza. La delegación egipcia viajaba en el convoy con nosotros y les pedimos ayuda. Trabajaron con su corazón durante treinta minutos. Finalmente, el corazón de Wafa empezó a latir y volvió a respirar”.

“Llegamos al hospital de Zaytun, en El Cairo, alrededor de las ocho de la mañana del día 13 de enero. El viaje nos llevó doce horas. Wafa fue trasladada de inmediato a la Unidad de Cuidados Intensivos. Estuvo allí durante dos semanas antes de que se decidieran a operarla. La operaron seis o siete veces. En la UCI su cuerpo estaba cubierto de vendas, sólo podía verle los ojos. Las enfermeras tardaban seis horas en cambiar sus vendajes”.

Wafa estuvo en coma alrededor de quince días. Según el informe médico, al que el CPDH tuvo acceso, Wafa sufrió numerosas operaciones. Los doctores le hicieron un injerto de piel, poniendo piel del brazo izquierdo en la pierna izquierda.

“Durante la primera operación se intentó salvarle la pierna izquierda”, dijo Walid. “Perdió mucha sangre, era muy peligroso. Los doctores pensaron que había muerto. Dejaron de operarla y la devolvieron a la UCI. Después de cuatro días, Wafa se había estabilizado un poco y entonces trataron de operarla de nuevo. Tuvimos suerte, un doctor, el Dr. Ahmed Shehad, insistió en que había que intentar salvarle la pierna [izquierda]. Los demás doctores pensaban que era inútil, pero él dijo que haría cuanto pudiera. Todos se quedaron tan sorprendidos de que Wafa todavía estuviera viva, era increíble. El equipo médico egipcio tuvo muchas dificultades para tratarla, era el caso más difícil del hospital, tenía todo el cuerpo lleno de heridas”.

“Fui muy afortunada al tener al Dr. Shehad”, dijo Wafa. “Me cuidó, me adoptó. El Dr. Shehad me salvó la pierna…”

Estuvieron haciéndole operaciones a Wafa hasta finales de abril, aproximadamente tres meses y medio después del ataque. Cuando pudo empezar la rehabilitación, se le proporcionó una pierna prostática. “Me llevó un mes aprender a caminar con mi nueva pierna”, dijo Wafa. “Me enseñaron a utilizar la pierna, pero no podía doblarla por la rodilla. Mi propia pierna está muy mal, no puedo utilizarla bien, todavía continúa muy malherida. Necesitaré más terapia. Aún no puedo caminar”.

Fue en Egipto, un tanto recuperada, cuando Wafa supo que había tenido al bebé satisfactoriamente. “Cuando Wafa fue volviendo un poco en sí, le dije que había hablado con su marido”, dijo Walid. “Le dije que él le enviaba saludos, y también sus hijos, y también su hijo Iyad”.

“Yo le dije: ¿Quién es Iyad? No tengo ningún hijo que se llame Iyad”, recordó Wafa. “No podía creer que había dado a luz, pensé que había perdido al bebé”. Después de dos meses, poco a poco empecé a creérmelo, tuve que ver su foto en el teléfono móvil”. Wafa vio a Iyad por vez primera antes de ser entrevistada por el CPDH. “Al principio, no sabía que era mío, después me abrazó. Y ellos me dijeron que ese era Iyad”.

Mientras Wafa estaba bajo tratamiento en Egipto, su hija mayor, Dina, crió a Iyad. “Ahora nos cuida a los dos, a Iyad y a mí”, dijo Wafa.

“Siento mucho dolor por dentro”, dijo Wafa. “No puedo hablar de lo que ocurrió, es demasiado duro. No puedo sentarme aún, me resulta muy doloroso sentarme y levantarme, tengo que tener la pierna [izquierda] en alto”.

Wafa y Ghada fueron el objetivo directo de un avión teledirigido israelí. Eran las únicas personas allí en la calle en el momento del ataque. Dada la tecnología y capacidad de los teledirigidos, es razonable pensar que el operador del avión podía haber identificado a las dos hermanas como mujeres y civiles. El CPDH cree que Wafa y Ghada se convirtieron en objetivo directo, violando normas fundamentales del DIH. Por tanto, el CPDH cree que este ataque constituye el crimen de asesinato premeditado, una grave violación de los Convenios de Ginebra. Además es un crimen de guerra, como aparece definido en el Artículo 8 (2) (b) (i) del Estatuto de la Corte Penal Internacional.

II.- Testimonios de Hala y Mohamed Al-Habash

Entrevistados:
Hala Al-Habash (37 años)
Mohamed Al-Habash (48 años)
Fecha del suceso:
4 de enero de 2009
Lugar:
Distrito de Al-Sha’f, ciudad de Gaza
Víctimas:
Shaza Al-Habash (10 años): muerta
Jamila Al-Habash (14 años): herida

Violaciones del Derecho Internacional:
Asesinato intencionado: Violación grave de los Convenios de Ginebra
Ataque directo contra la población civil: Artículo 8 (2) (b) (i) Estatuto de la CPI.

El 4 de enero de 2009, seis niños de la familia ampliada de Hala Al-Habash estaban jugando en la azotea de su casa.

Aproximadamente a las 15.00 horas, un avión teledirigido israelí no tripulado disparó un misil contra los niños, causando la muerte de la hija de Hala, Shaza, de 10 años, y de su sobrina Isra, de 11. Otros tres niños resultaron heridos en el ataque: la hija de Hala, Jamila, de 14 años, y sus sobrinos Mahmoud 'Amr, de 15, y Mohamed ‘Amr de 16.

Como consecuencia de las heridas sufridas durante el ataque, Jamila perdió ambas piernas por encima de la rodilla, mientras que una de las de Mohamed ‘Amr tuvo que ser amputada entre el tobillo y la rodilla. La casa de la familia Al-Habash fue el único objeto de ataque en el entorno inmediato durante la ofensiva.
El 29 de junio de 2009, el CPDH entrevistó a Hala, de 37 años, y a su marido, Mohamed Al-Habash, de 48, en su casa familiar en la zona de Al-Sha'f de la ciudad de Gaza. Tres hermanos Al-Habash y sus familias habitan la casa de tres plantas.

“Era el 4 de enero”, dice Hala, “la zona estaba muy tranquila, no teníamos realmente miedo. No había resistencia y nos sentíamos seguros, y dejamos que los niños jugaran fuera. Todo el tiempo los niños estaban en la azotea, donde tenemos pájaros y pollos. En el momento del ataque, Mohamed ‘Amr, Shaza, Jamila, Mahmoud ‘Amr, e Isra estaban jugando en la azotea.

“Mi esposa tenía miedo de dejar que los niños subieran a jugar”, dice Mohamed, “pero me dijo ‘está bien, Israel tiene un montón de tecnología, ellos saben cuáles son sus objetivos, lo ven todo. Los niños deben tomar el sol, no hay electricidad y nada que hacer en la casa’.”

Hala y su esposo estaban en el piso inferior, conversando, cuando el avión atacó a los niños. “Cuando lo oí subí directamente”, dice Mohamed. “Lo primero que vi fue a Jamila sin piernas, era como una carnicería, las tenía cortadas como la carne en una carnicería. Su pierna izquierda había sido lanzada a unos 100 metros, se la dimos a la ambulancia después... En cuanto a Isra, se le veía el cerebro. Entonces vi también a Shaza, con un corte que iba desde la cadera hasta el estómago. Una pierna había desaparecido. Soy profesor, y me ocupo de curar a los niños si están heridos. Hice lo mismo con Jamila, le dije que no se preocupara, que iba a llevarla al hospital, que iba a pedir una ambulancia.” Mohamed ‘Amr no estaba en la azotea, la explosión lo desplazó y estaba en el alféizar de la ventana del vecino. No me lo podía creer, pensé que la pierna de Mohamed sólo estaba rota, pero le amputaron el pie. Lo cortaron a media espinilla, más tarde tuvieron que cortar todavía más”.

“Estaba en la azotea justo antes del ataque,” manifestó Hala al CPDH. “Durante la ofensiva no teníamos electricidad y había lavado toda la ropa el día anterior. El día del ataque estuve en la azotea comprobando si la ropa estaba seca. Los niños cantaban canciones, estaban bastante aburridos, y tuve que entretenerlos. Ya había preparado el almuerzo”, dice Hala. “Jamila me había estado ayudando con la cocina y la colada todo el día. La vida durante la ofensiva era muy difícil, no teníamos agua, ni electricidad, ni gas. Cocinábamos sobre un Barbour [hornillo de queroseno] como la gente hace 50 años. Tal vez si hubiera llamado a los niños a comer esto no habría ocurrido. Ya había avisado a mi marido de que el almuerzo estaba listo, pero él dijo que era demasiado pronto.”

“Cuando oí el ataque llamé a Jamila a gritos”, dice Hala. “Mi cuñada bajó gritando que le habían cortado las piernas a Jamila. En el momento en que me di cuenta de que mis hijos estaban heridos me quedé tan helada que no podía hablar, ni tampoco llorar. No sé qué me pasó. Normalmente, cuando mis hijos se hacían una herida, por pequeña que fuera, me volvía loca, pero esta vez era diferente.”

Los hombres trasladaron a las mujeres y los niños a una habitación para que no pudieran ver lo que estaba sucediendo. “Pensé que Jamila era el único herido. Mi cuñada estaba gritando ‘Jamila está cortada, Jamila está cortada’ pero ¿qué significaba eso? Después de que nos quedamos en la habitación, mi cuñada miró por la ventana. Dijo que estaba bien, que Jamila todavía se movía. Luego, mi cuñado dijo, ‘Dios te ayude, es la voluntad de Dios, hemos perdido a Isra. Vi a mi esposo y me dijo que habíamos perdido también a Shaza. Yo era incapaz de hacer nada en absoluto. Ni siquiera podía llorar. ¿Por qué no iba hacia ellos? ¿Por qué no podía darle mis piernas a mi hija? ¿Por qué no podía llorar?”

Una ambulancia llegó al lugar casi de inmediato. “Tuvimos suerte”, dice Hala. “Jamila estaba sangrando mucho, y cuando llegó al hospital tenía un color azul oscuro”.

La familia Al-Habash decidió que tenían que abandonar la casa después del ataque. No sabían adónde ir y se quedaron una noche con un pariente lejano en la calle Jala'a en la ciudad de Gaza. Al día siguiente se fueron a casa de la cuñada de Mohamed, en el campamento de refugiados de Shati, donde permanecieron 15 días.

Antes de salir de la casa en Jala'a, Mohamed preguntó a su esposa si quería ver a Shaza antes de que la enterraran. “Me negué”, dice Hala, “Quería recordarla en vida, no quise verla. En absoluto. Ni siquiera pude ir a ver a Jamila. Me dijeron que si quería ver a Jamila no debía llorar en su presencia, pero me era imposible, es mi hija. Pensé que si veía a Jamila me volvería loca, ella está muy cerca de mí”.

Hala visitó a su hija poco después de la operación. “Todo el camino hasta el hospital mi esposo me decía que teníamos que ser fuertes por Jamila, pero cuando la vi me quedé asombrada. Reía y bromeaba con nosotros. Era tan fuerte”. “Fue un caos en el hospital”, recuerda Hala. “Había tantos heridos, tanto sufrimiento, tantos muertos… La situación era horrible... el olor de la sangre y los heridos. No había suficientes médicos y enfermeras; era como un mercado, no un hospital. Cuando ves el sufrimiento de los demás, el tuyo te parece menor”.

El lunes y el martes [5 y 6 de enero] fueron días muy malos en Gaza. Al Jazira entrevistó a Jamila en el hospital. “Después de la entrevista, el rey pidió que llevaran a Jamila a Arabia Saudí”, cuenta Hala al CPDH. “El rey corrió con todos los gastos”.

Jamila y Mohamed se quedaron siete días en el hospital de Shifa. El 11 de enero las trasladaron juntas a Arabia Saudí. Han sido equipadas con prótesis y actualmente están llegando al final de su tratamiento. El tío de Jamila las acompañó a Arabia Saudí. “Estaba atrapada entre dos fuegos”, dice Hala. “No quería dejar a Jamila sola, pero tampoco quería dejar a mis otros hijos en Gaza. Hablamos con Jamila diariamente por Internet, tenemos una cámara web. Hablamos con ella todo el tiempo. Si no estamos en línea es ella quien nos llama y nos dice que quiere hablar con nosotros.”

III.-Testimonio de Salah Abdel Karem Abu Hajjaj

“Majeda, mi hermana, llevaba una bandera blanca” (Salah Abu Hajjaj)

Salah Abu Hajjaj © Sarah Malian/CPDH

Entrevistado:
Salah Abdel Karem Abu Hajjaj (30 años)
Fecha del suceso:
4 de enero 2009
Lugar:
Johr Ad-Dik
Víctimas:
Majeda Abu Hajjaj (35 años), asesinada
Raya Abu Hajjaj (65 años), asesinada
Manar Abu Hajjaj (13 años), herida
Violaciones del Derecho Internacional:
Asesinato intencionado: Violación grave de los Convenios de Ginebra
Ataque directo contra la población civil: Artículo 8 (2) (b) (i) del Estatuto de la Corte Penal Internacional.

El 4 de enero de 2009, las fuerzas israelíes dispararon y asesinaron a Majeda (35 años) y Raya Abu Hajjaj (65 años). Las dos mujeres formaban parte de un grupo de 27 civiles que huían de la zona de Johr Ad-Dik tras el comienzo de la invasión terrestre. Fueron asesinadas sin previo aviso y sin provocación. Majeda y otro miembro del grupo, Ahmed Assafadi, llevaban banderas blancas.

El 3 de enero de 2009, cuando comenzó la ofensiva terrestre, 16 miembros de la familia Hajjaj se refugiaron en una habitación en el primer piso de su casa en el área de Johr Ad Dik, en el este de Franja de Gaza. Aproximadamente a las 23:00, los primeros tanques israelíes entraron en la zona. A las 7 menos cuarto de la mañana del 4 de enero, un tanque israelí disparó contra la casa. La explosión hirió a Manar Abu Hajjaj (13 años) en el antebrazo y provocó un incendio en la casa.

El 25 de mayo de 2009, el CPDH (Comité Palestino por los Derechos Humanos) entrevistó a Salah Abdel Karem Abu Hajjaj (30 años), hijo de Raya y hermano de Majeda. "Se produjo un incendio, por lo que decidimos salir de la casa ", dijo Salah.

"Caminamos entre los árboles hacia la casa de un vecino, a unos 300 metros de distancia. Éramos 27 personas escondidas en el hueco de la escalera de Assafadi. Intentamos llamar a una ambulancia para Manar; llamamos a la Cruz Roja, pero no pudimos realizar ninguna coordinación. Nos dijeron que era una zona de operaciones militares y que no podían llegar a la zona”.

Mientras nos escondíamos en la casa de Assafadi, escuchamos una emisión de la radio israelí que ordenaba abandonar la zona y salir hacia las principales ciudades”. Oí que los israelíes habían entrado en el área de Johr Ad Dik y que habían detenido a todos los hombres, así que decidimos ir hacia el oeste. Esta zona es muy abierta y se nos veía muy claramente. Queríamos mostrar a los israelíes que nos íbamos, queríamos que los soldados vieran que éramos civiles para que nos dejaran salir. Majeda, mi hermana, llevaba la bandera blanca. Ahmad Assafadi llevaba a su hijo y también una bandera blanca."

Aproximadamente a 150 metros de los tanques, las familias decidimos parar y esperar una señal indicando que teníamos permiso para continuar. "Acabábamos de ver los tanques, muchos tanques, fue el comienzo de la ofensiva ", dijo Salah. "El aire estaba lleno de helicópteros y aviones. De repente, los tanques comenzaron a disparar contra nosotros. Estábamos solos. Estábamos sólo nosotros y los vecinos. No había nadie más alrededor. Cuando nos dispararon, empezamos de inmediato a correr de nuevo hacia la casa. Los jóvenes y los niños corrían rápidamente, pero mi madre y mi vecino, que había sufrido una operación en la pierna, no podían moverse lo suficientemente rápido. Mi madre recibió un disparo y fue herida. La bala le atravesó el brazo y se fue al pecho. Después de quince metros, mi madre se cayó al suelo. A Majeda le dieron también. Murió de inmediato. Vimos a los soldados disparar contra nosotros desde el tanque. No dijeron nada, sólo empezaron a disparar. No hicieron ninguna advertencia, sino que nos dispararon directamente. Fue alrededor de las doce, a plena luz del día”.

Debido a la intensidad del ataque, no pudimos llegar hasta a los heridos. "Nadie pudo llegar hasta Majeda", dijo Salah, "La llamábamos: despierta Majeda, arriba Majeda, pero el tiroteo era muy intenso. Abrían fuego por todas partes y no pudimos llegar hasta ella. Mi madre nos dijo que estaba herida en el brazo, tratamos de comprobarlo pero murió. Tuvimos que volver a la casa del vecino, los disparos venían de todas partes. No podíamos hacer nada. Majeda y Raya estaban muertas. Tuvimos que dejarlas allí, en el lugar en el que les habían disparado. Manar seguía con nosotros.”

De regreso a la casa de Assafadi, la familia intentó llamar a la Cruz Roja y a las ambulancias de nuevo. Les dijeron que nadie era capaz de llegar a la zona. "Les dijimos que en la casa estábamos expuestos a gran peligro", relató Salah. “Ya habíamos perdido a dos personas, pero queríamos salvar al resto. “Le dije a la Cruz Roja que si estaban esperando a que nos matasen a todos para recoger los cadáveres".

Después de veinticuatros horas escondidos en la casa, las familias decidimos que había que intentar de nuevo abandonar la zona. Esta vez nos encaminamos hacia el este, hacia la aldea Johr Ad-Dik. Al llegar a Johr Ad-Dik, llamamos a una ambulancia para Manar, que finalmente pudo llegar y llevarla a un hospital. Los 24 miembros restantes de las dos familias nos fuimos a la escuela de la UNRWA del campamento de Al Bureij.

"Desde que dejamos la casa, habíamos intentando recuperar los cadáveres por todos los medios", dijo Salah. "Intentamos contactar con las organizaciones de derechos humanos y con los miembros árabes de la Knesset. No obtuvimos respuesta, no podíamos hacer nada. Todos los días lo intentábamos, después de once días, finalmente, los soldados israelíes accedieron a que una ambulancia llegase a la zona. La ambulancia llegó desde el este, y yo hablaba por mi móvil para orientarles. A unos 500 metros de los cuerpos de Majeda y Raya, los israelíes detuvieron en seco a la ambulancia y les dijeron que se fueran, que la coordinación había terminado. Los conductores de las ambulancias pidieron otra media hora, diciéndoles que los cuerpos llevaban allí ya once días. Los israelíes dijeron que no".

Aproximadamente a las 20:30 del 18 de enero, tras la declaración de Israel de un alto el fuego unilateral, la familia Abu Hajjaj regresó a su casa. "Vinimos a casa para recoger los cuerpos", dijo Salah al CPDH. "No reconocía la zona debido a la destrucción y la demolición. Una zona que antes había sido hermosa. Después de la búsqueda encontramos a mi madre y pudimos poner su cuerpo en la tierra. También encontramos a Majeda; los israelíes habían cubierto su cuerpo con hojas de aluminio y la habían arrasado con un buldózer, que la había aplastado y partido su cuerpo por la mitad.

Poco después de encontrar el cuerpo de Majeda, Salah recibió una llamada de teléfono de la Cruz Roja: “Me dijeron que teníamos que abandonar la zona en cinco minutos", relató Salah. "Los israelíes habían llamado a la Cruz Roja y les dijeron que había gente en la zona y que nos dispararían. Con la ayuda de los hombres de la ambulancia, nos llevamos los cuerpos. Nos llevó cuatro horas llegar al hospital. Llegamos a las 00:15 de la madrugada del 19 de enero"

Dos días después del alto el fuego, Salah volvió a casa. "Estuve buscando en el lugar donde los israelíes habían disparado contra nosotros. Encontré un trozo del pie de Majeda y lo llevé al hospital. No tenemos fotos de Majeda o Raya, sólo las de nuestros móviles. Nunca nos habían atacado, ni siquiera cuando los asentamientos israelíes estaban cerca; ésta es una zona muy tranquila, un área agrícola que nunca había tenido problemas; era tan hermosa, y en un momento todo ha desaparecido.

"Es difícil para mí hablar de Majeda", dijo Salah. "Era muy amable. Se negaba a comer o a preparar nada antes de que yo llegase y así pudiéramos comer juntos. Yo soy el más joven de nuestra familia, pero tenía dos madres, Majeda y la mía propia."

Una vez que la familia se marchó, las fuerzas israelíes ocuparon la casa. Cuando la familia de Abu Hajjaj regresó, encontraron todas las paredes pintadas con grafittis.

El asesinato deliberado de Majeda y Raya es una grave violación de los Convenios de Ginebra y del Derecho Internacional. Atacar intencionadamente a la población civil es también un crimen de guerra según el artículo 8 (2) (b) (i) del Estatuto de la Corte Penal Internacional. Estos crímenes violan el principio de distinción, una de los principios más fundamentales del Derecho Internacional Humanitario.

De acuerdo con los Convenios de Ginebra, las partes en un conflicto están obligadas a prestar una asistencia especial a los heridos y enfermos y facilitar su cuidado y evacuación. Los actos de Israel son una violación del Artículo 16 de la Cuarta Convención de Ginebra, que sostiene que "los heridos y enfermos... serán objeto de especial protección y respeto. En cuanto las consideraciones militares lo permitan, cada parte del conflicto facilitará las medidas adoptadas para la búsqueda de los muertos y heridos…"

Las acciones de Israel violaron también el derecho humanitario consuetudinario, que exige que cada parte en un conflicto deberá, sin demora, adoptar todas las medidas posibles para buscar, recoger y evacuar a los muertos, sin distinción alguna, y los cadáveres deben ser atendidos de forma respetuosa.

 


 

 

Original: http://www.pchrgaza.org/files/Reports/English/pdf_spec/through-women%27s%20_eyes.pdf

 

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