En el mes de julio de 1992, la Revista El Porteño publicó la transcripción de un debate al que asistieron Jacobo Timerman, Reneé Epelbaum -Madres de Plaza de Mayo/LF-, Tilda Rabi y Rafael Araya Masri -presidente y secretario, respectivamente, de la Federación Palestina-.
Desde la tapa anunciaban:
Timerman Ataca de Nuevo: "La OLP tiene razón"
Transcribimos a continuación algunos párrafos de la intervención de Tilda Rabi.
Notarán la actualidad de aquellas declaraciones, a pesar del tiempo transcurrido.
Como Reneé se refirió a "los fanatismos", me veo obligada a precisar que los palestinos amamos la paz y que nuestro presidente Yasser Arafat también ama la paz. Arafat es el presidente de todos los palestinos : los de la diáspora y los que están luchando cotidianamente en nuestra patria. Se habla del miedo que despertarían la OLP y sus presuntos actos terroristas. ¿Deberíamos repudiar las luchas americanas por la independencia del yugo español? Porque de eso se trata: hoy se conmemoran los 500 años del "descubrimiento de América" y se minimiza el genocidio cometido con los indígenas. Es necesario recordar, como lo hacen las Madres de Plaza de Mayo. Y para eso es necesario enfrentarse cara a cara con la verdad. Cuando se produjo la partición, Palestina era una colonia británica y su pueblo se encontraba en la orfandad. Todo el mundo árabe se encontraba tutelado por potencias occidentales. Cuando esas potencias se retiraron dejaron condicionamientos y, como sucedió con Israel, otras identidades nacionales. Recordemos, por ejemplo, que en el Líbano el presidente tiene que ser forzosamente un cristiano y no puede serlo un musulmán aún cuando los musulmanes son mayoría.
Hoy hay en Europa una ola de xenofobia en perjuicio de los árabes. Quiero dejar bien en claro que los palestinos y la OLP no son racistas. La carta de la OLP dice muy claro que queremos una Palestina libre, laica y democrática en la que podamos vivir todos. Pero queremos "nuestra" Palestina, no la que puedan diseñar otros.
¡Basta ya de cargarle las tintas al "terrorismo" palestino! Hace unos años tuve la fortuna de conocer a Felicia Langer, una abogada polaca judía que se fue a vivir a Israel con el ánimo de construir un mundo diferente. "¿Cómo te las arreglas para soportar tanta presión?", le pregunté. "No puedo dejar de tener presente la mirada de los niños", me respondió. Felicia decía que no podía tener la conciencia tranquila, especular con el genocidio del pueblo palestino y me despidió con un "Hay que seguir creyendo". Pero hace ya un año que Felicia Langer no está en Israel y no puede defender más a los palestinos desde allí. Porque comenzaron a hostigarla, sus hijos comenzaron a tener problemas en la escuela y se tuvo que marchar. Antes de irse dijo: "Ya no creo en la democracia de mi país".
Dice Reneé que la carta fundacional de la OLP hablaba de tirar a los judíos al mar: a mi familia la tiraron literalmente al mar al producirse la partición. No es una metáfora. Creo que frases así son las que fomentan el odio, porque nosotros, los palestinos, tenemos mucho que decir sobre un personaje al que los israelíes respetan mucho, como es el caso de Golda Meir, que decía que los árabes éramos animales. Y, claro, siempre es más fácil matar a un animal que a un ser humano.
Para nosotros, la paz no es una táctica sino un objetivo irrenunciable. Como dijo Yasser Arafat por tres veces en la ONU: "No permitan que se caiga la rama de olivo que llevo en mi mano derecha". Israel se jacta de ser "la única democracia en la región". ¿Democracia para quién? Hay "democracias" digitadas: hoy muchas mujeres israelíes azuzan a sus hijos contra los nuestros y nuestras mujeres están con sus hijos combatiendo codo a codo. Es una situación explosiva. Nada más que en 1990 llegaron 200 mil judíos soviéticos y se instalaron en los territorios ocupados. Si se firmara la paz hoy de acuerdo a la partición, ¿dónde se reubicaría a esas personas? En estos últimos cuatro meses han muerto en Palestina 540 personas, entre ellas 125 niños. Cuando Israel lo decide, los palestinos de Gaza no pueden salir de la franja. Hoy esa prohibición se ha levantado, pero los menores de 30 años no pueden seguir trabajando dentro de lo que hoy es Israel. La economía de Gaza no da para alimentarlos. Los jóvenes palestinos están virtualmente presos y sin alimentos.
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